El hijo adoptivo ha vuelto con sus familiares; la chica francesa, con su anterior pareja.

Cuando empecé en la empresa, esta era una entidad fuerte con una cuota de mercado reducida pero asegurada. Nos iba bien, creciendo lo que el capitalismo exige crecer para no desaparecer. Manteniéndonos. A base de constancia y buenos productos pudimos ampliar algunas gamas y mejorar la distribución, con lo que nos ganamos la atención de los poderosos del sector.

Paulatinamente empezaron a mostrarse curiosos, alerta y hostiles. Supongo que investigarían posibilidades de OPA, pero nuestro capital social es muy reducido: somos privados y centralizados. Se dedicaron entonces a la presión política, la competencia desleal y técnicas agresivas.

Tanto fue, que tuvo que intervenir una autoridad laboral tras otra hasta llegar a los tribunales europeos. Nos han reconocido amablemente el derecho a existir y seguir comercializando nuestros productos. Ahora todos tenemos limitaciones en cuanto a producción y alcance, pero bien está. No es más que un pequeño negocio familiar venido a más.