¡Bueno, he vuelto a casa!

No he descansado en estos meses de viaje por las antípodas. He flirteado con la minería, la construcción y la joyería. Han pasado tantas cosas que no sé por dónde empezar. En lo profesional, mi gestión ha sido tan afortunada que la ejecutiva francesa de la que ya hablé alguna vez ha vuelto a llamarme. Apenas me detendré cuatro días en la sede de Londres y volveré a salir. Mientras estaba fuera hemos tenido una auditoría casi judicial; mis nuevos negocios son un modelo de desarrollo sostenible y los libros de cuentas de los que ya existían han complacido a los inspectores. No pude saludar personalmente (ya lo subsanaré) pero recibí un amable certificado.

Aquí en Londres unos socios han abierto una cervecería. Atrajo la atención de la prensa por su enfoque novedoso y original (~extravagante y snob). Para mi sorpresa le han puesto de nombre "Las armas de Nathan". Por suerte encontré una forma interesante de agradecerles la cortesía. En cuanto al bar, supongo que derrocará al anticuado y lleno de problemas legales "El baile de Mithras". A mí me gusta más, desde luego.

Antes de que me regalaran mi primera cámara de fotos me gustaba dibujar para recordar el aspecto visual de algunas cosas. Casi siempre eran objetos concretos representados de manera técnica, sin arte. Como ahora tengo cámara en el teléfono, dibujar se ha vuelto un pasatiempo: para ser honestos no puedo decir que lo mío sea arte. Aunque estoy experimentando con paisajes e incluso personas. Debajo pondré un par de ejemplos.

No sé qué más contar. Que esto de la independencia y viajar por ahí a mi antojo, estableciendo mis propios negocios, me gusta. Ha habido alegrías y disgustos, pero de todo se aprende.

Como noticia triste, ha fallecido uno de mis primos. Vino a verme y tomó un vuelo que resultó ser secuestrado por dos fanáticos religiosos. Siempre sospechamos que tenía un trabajo misterioso, y resulta que era agente secreto. Derribó a uno de los terroristas, el más mesiánico. Me llegó a mandar algunos sms diciendo que el tipo decía cosas como "ir a ver la cara de Alá" y "derribar el avión lleno de infieles". Un loco peligroso. Por suerte, se fue solo a ver a Alá. Mi primo se las arregló para tomar el mando de la situación y propiciar un aterrizaje de emergencia en una playa. Sólo murieron dos pasajeros, de los nervios... y él mismo, que se quedó demasiado tiempo en el avión que se hundía. En fin, requiescat in pace.